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Bicicleta de topógrafo de Renfe


Bicicleta de frenos de varilla

Fabricante: Bicicletas Iriondo, S.A. (Ciclos CIL) Vitoria (Álava). Modelo: Gran Lujo de talla 55 – 22”

Década de 1950. Pieza IG: 06117

Sala de Infraestructura. Museo del Ferrocarril de Madrid 

La bicicleta es el medio de transporte de dos ruedas más popular en nuestra sociedad. A lo largo de décadas no solo ha sido utilizada como un medio de ocio o práctica deportiva, sino también como una alternativa real de transporte en la actividad diaria. Automáticamente nos vienen a la mente las imágenes de los antiguos oficios de afiladores, recaderos o repartidores, pero su utilidad como medio funcional y ágil se extendía además a innumerables trabajos, como los realizados por los operarios de compañías de telefonía, telegrafía, correos o ferrocarril.

Esta bicicleta perteneció a un topógrafo del antiguo Servicio de Vía y Obras de RENFE. Era el vehículo que utilizaba para desplazarse hasta la vía, donde realizaba las mediciones y toma de datos sobre el terreno. De hecho, en un lateral del cuadro de la bicicleta aparecen las marcas donde el operario amarraba su trípode u otros instrumentos topográficos con los que desarrollaba su trabajo.

Se trata de una bicicleta de la marca Ciclos CIL, fabricada por Bicicletas Iriondo, S.A. en la década de 1950 en Vitoria (Álava). Es una bicicleta de varillas, nombre que recibe por su ingenioso y rudimentario sistema de frenado que se activa mediante cilindros o varillas, sujetos y anclados entre ellos, que recorren el cuadro de la bicicleta. Es también característica la forma de su manillar, que con una serie de soportes y muelles permiten el accionamiento de las levas y varillas. La fuerza aplicada a través de una palanca de mano se transmite para presionar las almohadillas o pastillas de las zapatas hacia arriba y contra la superficie interna de la llanta de la rueda. Este sistema requiere que las ruedas deben ir montadas con aros o llantas con un perfil particular tipo Westwood, cuya zona de contacto con las zapatas de freno tiene una superficie convexa que permite que las zapatas de los frenos, con forma cóncava, actúen de forma estable y dirigida en el momento de aminorar la marcha.

Con el paso del tiempo, la bicicleta cayó en desuso y fue olvidada en la mansarda de uno de los edificios ferroviarios de la madrileña avenida Ciudad de Barcelona. Allí permaneció arrinconada durante años hasta que, en 2012 fue donada al Museo del Ferrocarril de Madrid por Renfe-Operadora, junto con otros interesantes elementos de topografía.

La bicicleta llegó en muy mal estado de conservación, su necesaria restauración ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de Bicicletas Clásicas Leo, que ha realizado un espléndido trabajo para su puesta en marcha, manteniendo su estética original. Destaca la recuperación del cuadro esmaltado en verde con fileteado en blanco y granate, al igual que el cubrecadena y los guardabarros. Para la reposición de elementos que faltaban o eran irrecuperables se han utilizado recambios antiguos originales, como las cámaras y las cubiertas de las ruedas, los tornillos de tipo barrilete de los guardabarros, las zapatas de freno para llanta tipo Westwood, el tornillo engrasador del eje de pedalier, la cadena, las palomillas de cierre de las ruedas, la bomba de aire y los puños de cuero envejecido. Podemos subrayar la reconstrucción del sillín, manteniendo todos los elementos de la estructura, muelles y material de relleno original, sustituyendo únicamente la parte de cuero por otra nueva, siguiendo los patrone, métodos de fabricación y acabados artesanales de la época. 



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