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Modelo de equipo para el recalce dosificado


Modelo de equipo para el recalce dosificado. 

Década de 1950. Escala 1:5

Pieza IG: 01606

Museo del Ferrocarril de Madrid

Una de las causas de inestabilidad de la vía la originan las denominadas “traviesas bailadoras”, aquellas que cuando la vía no está bajo la acción de las cargas de los trenes, se encuentran levantadas de su asiento, dejando un espacio vacío entre su parte inferior y la capa de balasto que les sirve de sostén.

Pala de recalce
MFM. BF. Sig. [IIID 1011]

En este estuche de madera se reproducen a escala 1:5 los elementos necesarios para realizar el procedimiento de corrección de nivelación de la vía denominado “recalce dosificado”: pala calibrada, pala de recalce dotada de cajón, gato, bastón de bola, flexímetro, regla de peralte con su nivel, mira, anteojo, grapas elásticas para sujeción en el carril, cajón de gravilla con medio patín, medida de dosificación, pata de cabra y calibre.

Este sistema, hoy en desuso, consistía en introducir bajo las traviesas una cantidad predeterminada de gravilla en función de la desnivelación observada. Con la mira y el anteojo se iban evaluando los defectos de estabilidad y nivelación, estableciendo los levantes necesarios en cada una de las traviesas.

Para realizar el recalce era necesario descubrir la vía y retirar el balasto practicando un desguarnecido especial de cada traviesa, abriendo una sangría en su costado. Posteriormente se procedía al levante de la vía con gatos y mediante una pala calibrada o dosificadora, se determinaba la cantidad exacta de gravilla requerida para después de consolidada la vía, obtener el nivel de levante deseado.

La introducción de la gravilla bajo la traviesa levantada se lograba mediante una pala de recalce, utensilio dotado de un cajón para la gravilla, cuyo fondo curvo se adapta a la forma de la sangría. La gravilla que inicialmente caía por gravedad en el hueco bajo la traviesa, penetraba en este espacio por el movimiento de vaivén de las láminas bateadoras flexibles con las que está dotada la pala de recalce. Una vez finalizada la operación, se procedía a la recubierta de la vía, introduciendo entre las traviesas el balasto retirado en las sangrías.

En una de las piezas del estuche, el cajón de gravilla, está grabado el nombre del ingeniero que en su día lo recibió como obsequio, Faustino Pérez-Villamil, director general adjunto de RENFE entre 1946 y 1955.



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